EL ANTIHÉROE ROMÁNTICO
"Era entonces de edad de treinta y seis años y perfectamente hermoso; pero se advertía en sus ojos un no sé que de sombrío y funesto que chocaba a primera vista mucho más de lo que agradaba la nobleza y regularidad de su figura. Sus miradas eran penetrantes y feroces, y cuando quería dulcificarlas se hacían equívocas y falsas; sus modales eran generalmente altivos, y aunque no le faltaba cierto modo de cortesía, su tono era siempre tan decisivo como imperioso. Ensoberbecido con lo ilustre de su sangre, con los empleos, fortuna y crédito de que gozaba en la corte, y con sus buenos sucesos en el trato con las mujeres, juzgaba que nada podía oponerse a su voluntad, ni resistir jamás a sus deseos. Colérico, violento y corrompido por el orgullo y una prosperidad no interrumpida, no sabía vencer sus pasiones, ni hacerse superior a los resentimientos; implacable por debilidad y ostentación, hacia consistir su gloria en no perdonar jamás, en aborrecer con furor, y en sacrificarlo todo al horroroso placer de vengarse. Tal era el duque de C***...."
HÉROES Y ANTIHÉROES
Este fragmento de la novela: " El Sepulcro o el Subterráneo. Historia de la Duquesa de C***, escrita por ella misma en idioma italiano, traducida en francés y de éste al castellano", (1829), nos ha parecido idóneo para introducir el presente artículo sobre "El Antihéroe", con el que se concluye el ciclo dedicado a la Iconografía sobre "El Héroe Romántico". El protagonista de esta obra, tomada como ejemplo, el Duque de C***, constituye por sus características, el personaje literario al que llamaríamos: "el Malo", "el Villano" o "el Malvado" del argumento novelesco, perfectamente caracterizado, en las doce líneas que sirven de introducción a este tema, por sus datos físicos y psíquicos, así como por su carácter y cualidades morales que, en este caso constituyen más contravalores, vicios y defectos que méritos o virtudes: joven y perfectamente hermoso, mirada y gestualidad penetrante, feroz, equívoca y falsa; altivo, decidido, imperioso, soberbio, de carácter colérico, corrompido, abusivo, orgulloso, resentido, ostentoso, rencoroso, furioso y vengativo. Estamos ante la definición de un arquetipo, diametralmente opuesto a lo que sería un "Héroe".
En los dos artículos precedentes, recogimos un abanico de personajes que se difundieron entre la sociedad madrileña, gracias a las publicaciones ilustradas. Aquellos arquetipos de carácter heroico, considerados así por sus actitudes, sus valores y los sentimientos que mostraban en cada argumento literario: novela, cuento, poema o artículo que tomaba vida de ficción en las estampas, fuera de texto, que solían adornar las narraciones de las revistas y novelas ilustradas que clasificamos en los grupos siguientes para llevar a cabo su estudio: Conceptuales; Rebeldes por la libertad; Sentimentales y Patéticos; Medievales y Orientales; El Antihéroe Romántico: a su vez en Fantásticos y Terroríficos, Grotescos y Ridículos y Pintorescos y Folklóricos.
Todos los arquetipos seleccionados tienen un nexo común, todos ellos se refieren al tema romántico por excelencia: "El Individuo". Los cuatro primeros que ya analizamos en su dimensión heroica representando al protagonista de una historia de la que se convierte en el paradigma y el heredero del ideal clásico que podemos entroncar con los héroes de la mitología, a los que los dioses conferían cualidades físicas extraordinarias y valores excepcionales como la valentía, el honor y la fidelidad, a los que había que añadir: la astucia, la razón y la inteligencia; todo ello les permitía realizar trabajos y hazañas sobrehumanas por las que destacaban y eran admirados por los tipos corrientes o comunes que los rodeaban.
Frente a este héroe, cuyos orígenes se remontan a los mitos griegos, las sagas nórdicas, artúricas y otras epopeyas de personajes a caballo entre la realidad y la fábula, como "Arturo", "Lanzarote", "El cid Campeador", "Rolando", "Tristán" y otros, relacionados con los Cantares de Gesta, las Leyendas y sus hazañas o el Romancero. En la Edad Media, a estas virtudes míticas o épicas, se sumaron la religiosidad y el amor a la dama de sus pensamientos que dieron lugar al Ideal Caballeresco que se proyectó y desarrollo en España de forma extraordinaria, con una numerosa producción de novelas de caballería, generalmente, entre los estamentos religiosos y cultos; nobles, bachilleres, frailes, clérigos, entre las que cabe citar algunas notables, como "El caballero Zifar", atribuída al clérigo Martínez1, F. (1.300); "Tirant lo Blanc" de Martorell, J., (1413-1468); "Amadís de Gaula", de Rodríguez de Montalbo, G., (1450-1505), o "Palmerín de Oliva", De Vázquez, F., (1475-1525), además de epopeyas y leyendas de localización y ambiente histórico-medieval, logrando que estas producciones fueran una importante fuente de inspiración pata la literatura romántica.
Mª Luisa Vicente Galán (20/10/2020)
Nº1.- El fantasma del padre de Hamlet. Calcografía.
Nº 2.- Cielos qué veo!!!. Calcografía
Nº 3.- Stephen. F. Madrazo. Litografía
Nº 4.- Luisa. C. L. de Ribera. Litografía
Nº 5.- La Bruja. El Aquelarre. Anónimo, Aguafuerte.
Nº 6.- Muertos y Vivos. F. Van Halen. Litografía
Nº 7.- Los Sueños. Quevedo. Miranda/ Castelló. Xilografía
Nº 8.- Ntra. Sra. de París. V. Hugo. Xilografía.
Nº 9.- Visiones y remordimientos de la tía.
T. Johhanot/ Sierra. Pablo y Virginia, p. 184.
Xilografía a la testa.
Nº 10.- Danza de Brujas. Urrabieta/ Coderch.
La Bruja de Madrid, 1850. Xilografía a la testa
















































































